Viaje al ayer

portada libro un viaje al ayerHola a todos, hoy vengo a presentaros uno de esos libros que además de entretener, hacen historia: se trata de “Viaje al ayer”. Su autora, Sonia Montero Trénor -una confesa apasionada del Madrid de los Austrias-, nos retrotrae a través de Teresa, la protagonista de la obra, y de una serie de viajes en el tiempo en los que se ve envuelta, al Madrid del siglo XIX. Tras sobreponerse a la sorpresa inicial, la protagonista nos guía de forma magistral por ese parque del Retiro, sin el monumento a Alfonso XIII; por ese paseo de la Castellana, colmado por entonces de lujosos palacetes; o por una calle Mayor custodia de la farmacia más antigua de la capital. Asimismo, en la novela también tienen cabida personajes como los zapateros, esperando a la clientela a la puerta de sus talleres; o comercios como  las boticas, tabernas y aguaduchos -aquellos puestos donde se vendían agua y refrescos. Todo ello escrito con exquisito gusto; lenguaje moderno, ameno y fácil de entender, reivindicando valores tan esenciales como el valor, el perdón o la autocrítica. Un libro escrito para los amantes del Madrid antiguo y para aquellos que sienten curiosidad por conocerlo, editado por La Regla de Oro, una pequeña gran editorial que cuida hasta el más ínfimo de los detalles del libro y a sus patrocinados.

         Si queréis conocer algo más sobre la autora, podéis visitar su blog: http://unmediadorinesperado.blogspot.com.es/

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Puerta del Sol: hasta la actualidad

Fuente de la Fe coronada con la estatua de la Mariblanca.

Fuente de la Fe coronada con la estatua de la Mariblanca.

En mil y quinientos y setenta, el muro de la fortaleza fue derruido y la plaza se ve

Estatua de la Mariblanca

Estatua de la Mariblanca

despejada, adoptando forma semicircular; aparece una fuente en su centro, la Fuente de la Fe, ornada con la estatua de la Mariblanca, trasladada desde Italia por el mercader florentino Ludovico Turchi –tomando, desde entonces, la fuente el nombre de la diosa-. Pese a ello, la suciedad todavía campaba demasiado a sus anchas por la plaza, ya que su escobillado o barrido únicamente había lugar una vez por semana, tratándose de un lugar habitado por porquerizas y corrales ahítos de putrefacción.

No obstante, no sería hasta entrados ya en el siglo XVIII, con la llegada al trono de Carlos, el tercero, hermano del fallecido Fernando, el sexto, cuando se tomará la decisión de hacer de la Puerta del Sol el lugar de encuentro y convivencia que ocupa hoy en día. En

Sereno

Sereno

primer lugar, y tras las constantes quejas de los vecinos, creó el servicio de serenos –aunque en los principios, su tarea consistía en el mantenimiento del alumbrado de las calles, con el paso del tiempo pasaron a ejercitar también las de vigilancia, estando en servicio hasta mediados del siglo XX-. Luego se retomó la construcción de la Casa de Correos (1766-1768), obra del arquitecto francés Jaime Marquet. Este edificio fue testigo de los principales acontecimientos acaecidos en la Villa, como, por ejemplo, el levantamiento del 2 de mayo de 1808, el asesinato de José Canalejas (Presidente del Consejo de Ministros), en 1912 o el asentamiento de los miembros del 15 M, en 2011.

Relos de la Puerta del Sol

Reloj de la Puerta del Sol

En el año mil y ochocientos y cuarenta y siete, se convierte en sede del Ministerio de Gobernación (Interior), luego de la Dirección General de Seguridad del Estado y, en la actualidad, corresponde a la ubicación de la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Su artilugio más identitario es el afamado reloj –antaño Reloj de Gobernación-, cuyas manecillas ejercen de puente entre el paso de un año y la entrada del siguiente cada 31 de diciembre. Fueron, sin embargo, dos los relojes existentes: el primero se trasladó desde el Hospital del Buen Suceso antes de su demolición -para lo que hubo que construir la torre y el templete hoy característicos del edificio- y, posteriormente, vista su inexactitud y mal funcionamiento, el relojero español Losada, uno de los más prestigiosos de la época, fabricó el que hoy otea los horizontes de la ciudad y vela por sus transeúntes (1866) y lo donó, de forma gratuita y altruista, al Ayuntamiento capitalino.

Es en aquella época, con la desamortización de Mendizábal, cuando comienza a darse a la plaza la forma rectangular que hoy tiene. La reforma la llevan a fin los arquitectos Lucio del Valle, Juan Rivera y José

Las obras de la desamortización

Las obras de la desamortización

Iglesia del Buen Suceso 1868

Iglesia del Buen Suceso 1868

Morer derribándose, entre otros, las ruínas del los conventos de San Felipe el Real (carbonizado en el año 1718), el Convento de Nuestra Señora de las Victorias (1836) y la Iglesia del Buen Suceso (1854) -esta última fue trasladada, muchos años después, a la calle Princesa, frente a unos grandes almacenes-. Se alinea la Casa de Correos con otros edificios similares que se construyen a su alrededor, quedando el espacio semicircular que tenemos hoy.

Zona ajardinada de la Puerta del Sol (años 50)

Zona ajardinada de la Puerta del Sol (años 50)

En el año mil y novecientos y cincuenta y nueve, Manuel Herrero Palacios incorpora una zona ajardinada en el centro de la plazuela y unas fuentes; en mil y novecientos y ochenta y seis, Antonio Riviera, Javier Ortega y Antón

Caitel, la transforman en peatonal e introducen farolas que, dada su peculiar forma, fueron conocidas como supositorios, las cuales hubieron de suplirse dado el alcance de la polémica, por otras más tradicionales. En mil y novecientos y noventa y cuatro, se incorpora la estatua ecuestre de Carlos, el tercero, cuyo emplazamiento fue elegido mediante referéndum popular. Entre los años dos mil y cuatro y dos mil y nueve, tiene lugar la construcción del intercambiador de transportes que comunica la red de cercanías con la Puerta del Sol.

Placa Km 0 1950

Placa Km 0 1950

A partir de mil y novecientos y cincuenta, se constituye en el kilómetro 0 de los caminos que dan acceso a la capital. Allí se concentrará todo el entramado de redes y vías procedentes del resto de España. Una placa colocada en las inmediaciones de la puerta de la Casa de Correos así lo atestigua.

Desde sus comienzos, la Puerta del Sol ha sido feudo de tratantes y comerciantes (apodados cariñosamente puertasolinos a principios del siglo XX) que decidieron ubicar sus

Tranvías en la Puerta del Sol

Tranvías en la Puerta del Sol

negocios en sus inmediaciones –el restaurante Lardhy’s, Casa Labra, la Pastelería “El Riojano” o la Chocolatería de San Ginés son algunos de los que todavía sobreviven de aquellos años-. Asimismo, entre mil ochocientos y setenta y uno y mil y novecientos y diecinueve, allí tuvieron su cabecera multitud de líneas pertenecientes a la inmensa red tranviaria que recorrió nuestra Villa y Corte.

Igualmente,la Puerta del Sol ha sido motivo de inspiración para los más variopintos artistas. Así escritores como Lope de Vega, Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna o Pérez Galdós; el teatro de Tirso de Molina; zarzuelas como “La Puerta del Sol” (Manuel Fernández Palomero) o “El último tranvía” (Ricardo Blasco); o películas como “El misterio de la Puerta del Sol (Francisco Elías Riquelme), primera película sonora española, o “El día de la bestia” (Álex de la Iglesia) se sirvieron de este emplazamiento para ubicar sus obras. Tampoco debemos olvidar que entre finales del siglo XIX y principios del XX, los numerosos cafés que se encontraban enla Puerta del Sol, o sus inmediaciones, sirvieron para acoger tertulias y disputas de todo tipo y condición: desde asuntos políticos, deportivos o misceláneos, hasta las más inocentes partidas de ajedrez y chaquete (backgammon).

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Puerta del Sol: los inicios

Aquesta plaza, antaño conocida bajo la denominación de Calle Ancha por las dimensiones de su holgura algunos cronistas mencionan que apenas superaba la de dos carros-, viene a constituir, muy probablemente, la única en todo el

Puerta del Sol 1773

Puerta del Sol 1773. Iglesia del Buen Suceso al fondo.

entorno capitalino que no cuenta con el apelativo de “plaza” en la placa donde inserta su nombre, figurando tan solamente éste: “Puerta del Sol”. Sus orígenes nos remontan a la Edad Media, cuando no existía la tal plaza y su lugar era ocupado por una enorme calle flanqueada por dos monumentales seos: la Iglesia del Buen Suceso –hoy ubicada en la

calle de la Princesa, frente a unos grandes almacenes- y el Convento de San Felipe el Real –ya desaparecido-, cuyas gradas (las Gradas de San Felipe) reunieron durante siglos a personajes de la más alta alcurnia a fin de ser enterados con los últimos chismes y cotilleos acaecidos en la corte, llegando a conocerse como el mayor mentidero de la Villa.

En los primeros tiempos, formaba parte de la estructura de un barranco, el de la Zarza, que tenía su devenir por la calle del Arenal –nombre que recibe de los arenales que hacían su recorrido por las pendientes del mencionado precipicio, todas ellas convertidas hoy en callejas aledañas (Pasadizo de San Ginés, Bordadores, Hileras, Costanilla de los Ángeles, etc)-, y ubicarían su salida por la Cava del Arrabal –calle Preciados-. En las medianías del siglo XV, los comuneros, que combatieran en Toledo y fueron rechazados, buscaron cobijo en los aledaños de la muralla que, desde el siglo XII, y una vez la Villa de Madrid pasó a la Corona de Castilla, rodeaba la ciudad de Madrid. Tal fue el vandalismo y la violencia con la que se condujeron que los regentes de la época se vieron obligados a levantar una verja, la denominada del Arrabal, para acoger los arrabales que, extramuros, allá por el año mil y cuatrocientos y treinta y ocho, acrecentaba su número. En unos mentideros se dice que fue el rey Carlos, el primero, “el rey extranjero” -Carlos V de Alemania-, quien dio nombre al lugar, ya que la puerta de la fortificación miraba hacia el Levante; en otros, empero, se asigna la autoría a un artista anónimo que dibujó un sol en la fachada del portalón de entrada.

Gradas de San Felipe

Gradas de San Felipe

No será hasta el año mil y cuatrocientos y setenta y ocho, cuando se mencionará a la Puerta del Sol por primera vez. Fue en una disputa entre la Parroquia de San Ginés y la de San Martín por un problema de jurisdicción. Las habladurías y los rumores aseveran que, ya a mediados del siglo, comienza el asentamiento de los primeros comercios en la zona (artesanos y algún que otro mesón), en la calle del Arrabal –hoy calle Mayor-, como consecuencia del continuo trasiego de viajantes, peregrinos y paseantes hacia los adentros de la ciudad. En el año mil y cuatrocientos y noventa y ocho, se ordena pavimentar la “calle grande de la Puerta del Sol” (refiriéndose a la calle Mayor) y ya pasados los tres años, en mil y quinientos y uno, una ordenanza municipal dispone el «empiedre de la calle grande de la Puerta del Sol para la entrada de los príncipes». Los primeros en estrenar aquel espacio destinado a grandes fastos y eventos fueron Carlos, el quinto, y su hijo, Felipe, el segundo, “el prudente”, que llegaron en comitiva el 6 de enero de mil y quinientos y sesenta. Es digno de mencionar en el anecdotario la edificación, en mil y quinientos y setenta y tres, de un convento de carmelitas descalzas allá donde antes hubiere una mancebía, con situación en la calle del Carmen y desalojada en mil y quinientos y cuarenta y uno.

Mapa de los inicios de la Puerta del Sol

Mapa de los inicios de la Puerta del Sol

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La Chocolatería de San Ginés.

Chocolatería San Ginés.

Chocolatería San Ginés.

Construyose a finales del siglo XIX, allá por el año mil y ochocientos y noventa, en el Pasadizo de San Ginés, un local que fue destinado a ejercer de hospedería y mesón, empero al transcurso de cuatro años, en el año mil y ochocientos y noventa y cuatro, fue reconvertido a establecimiento para la elaboración de churros a la manera tradicional denominada “a hombro” . El tal establecimiento hallábase sito en los aledaños del Teatro Eslava –en nuestros días convertido en lugar de solaz y esparcimiento para jóvenes de todas las edades y nacionalidades-, a escasos metros de la Puerta del Sol, sirviendo dicha cercanía y sus horarios tardíos para que tanto el público asistente como los personajes

Un buen chocolate con churros.

Un buen chocolate con churros.

dedicados al espectáculo y la farándula hiciesen allí un alto para degustar un exquisito desayuno antes de recogerse a sus respectivos hogares.

Durante el período de la Segunda República fue conocido popularmente como “La Escondida” y sobre sus tableros

Donde se sirve el majar negro.

Donde se sirve el manjar negro.

de mármol asentados sobre patas de hierro forjado personajes como la actriz Gina Lollobrigida, toreros como Antoñete o José Tomás y personalidades como Salvador Dalí, Francisco Laina, Ramón María del Valle-Inclán o, incluso, el mismísimo Capitán Alatriste, han sucumbido a sus encantos. Desde sus comienzos, su apertura se ofrece todos los días del año durante las veinticuatro horas del día y forma parte ya de la tradición española dar la bienvenida al nuevo año degustando su tan apreciado líquido marrón, el chocolate, con su ya inseparable acompañante, el churro, aunque algunos, menos puristas,  optan también por unas suculentas porras fabricadas con la misma técnica artesanal que sus compañeros.

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La Gran Vía

En los días en que nos encontramos, configura la principal arteria de los madriles, donde viandantes, turistas y otros visitantes, disfrutan de un abundante sinfín de comercios relacionados con la moda, el ocio o de una bien tirada caña con su correspondiente tapa en alguno de los múltiples bares que pueblan su trazado, pero no siempre fue así. En las medianías del siglo XIX, tras la restauración de la Puerta del Sol, el

Gran Vía. Principios S. XX.

Gran Vía. Principios S. XX.

Ayuntamiento capitalino ya barruntaba la posibilidad de construir una vía que posibilitara la comunicación entre el noroeste y el centro de la ciudad, conformado hasta la fecha por un entramado de callejuelas de difícil tránsito, con la finalidad de descongestionar dicha zona de tráfico. Así, en el año mil y ochocientos y sesenta y dos la Junta Consultiva de Policía y Ornato del Ayuntamiento elabora un proyecto en el que se propone la prolongación de la calle de Preciados hasta la Plaza de San Marcial (hoy Plaza de España), a cuyo efecto se construye la Plaza del Callao entre los años mil y ochocientos y sesenta y dos, y mil ochocientos y sesenta y ocho, que no llegó a ponerse en práctica. En el año mil ochocientos y ochenta y seis el arquitecto Carlos Velasco hace la presentación de un nuevo plan cuya principal notoriedad es la unión de la calle de Alcalá con la Plaza de San Marcial llevada a efecto en tres partes, este último diseño fue el que hizo de musa para la zarzuela “La Gran Vía” cuyas notas fueron compuestas por don Federico Chueca y el libreto para su interpretación salió de la pluma de don Felipe Pérez y González. Cabe reseñar que en este boceto el constructor proponía pavimentar la calzada con madera. Tampoco llegó a buen término por las continuas quejas vecinales, la falta de liquidez y la muerte del artífice de la idea en el año mil y ochocientos y ochenta y ocho.

Corría el año mil y novecientos y uno cuando los señores don José López y Sallaberry y don Francisco Andrés Octavio y Palacios elaboran una nueva propuesta del deseado trazado el cual no es aprobado hasta el año mil y novecientos y cuatro y adjudicado para su realización hasta mil y novecientos y nueve, comenzándose las obras al año siguiente. Las especificaciones establecidas por estos constructores, preveían la realización de las obras en tres tramos: el primero, denominado Avenida A, transcurría desde la Plaza de San Marcial hasta la Plaza del

Casa del Ataúd.

Casa del Ataúd.

Callao; la segunda, denominada el Bulevar, desde la Plaza del Callao hasta la Red de San Luis (hoy calle Montera); y por último el denominado Avenida B, que transcurría desde la Red de San Luis hasta la calle de Alcalá. No obstante, el inicio de las obras se vio entorpecido por la interposición de una denuncia contra los diseñadores de la misma por los familiares del anterior arquitecto, don Carlos Velasco, quienes afirmaron que el bosquejo presentado por los actuales constructores era una copia del acuñado por su señor padre. Tal denuncia fue desestimada y, por fin, el día cuatro de abril de mil y novecientos y diez, dieron comienzo las obras a cuya inauguración acudieron las más altas personalidades de la época: la familia real al completo, con Su Majestad, Alfonso, el trece, a su cabeza, a quienes se habilitó una tribuna a las faldas de la Casa del Ataúd –edificio apodado así por su estrechez, ocupaba el espacio donde hoy se encuentra el Edificio Metrópolis-; el Presidente del Gobierno, don José Canalejas; el Alcalde de Madrid, don José Francos Rodríguez; así como otros miembros de los distintos cuerpos diplomáticos. La realización de estructura tan faraónica llevó consigo la demolición de numerosos caseríos, incluidas varias iglesias, así como la desaparición o remodelación de diversas calles. Su acabamiento no tuvo lugar hasta la finalización de la Guerra Civil, en que se llevó a cabo la remodelación de la propia Plaza de España y la construcción de dos edificaciones que, si bien no formaban parte del trazado original, con el tiempo se constituyeron en señas identitarias del centro histórico de la capital: el Edificio España y la Torre de Madrid.

El tramo primero, Avenida A (Plaza de San Marcial-Plaza del Callao), fue nominado calle de Eduardo Dato; el tramo segundo, el Bulevar (Plaza del Callao-Red de San Luis), dio paso a la calle de Pí y Margall; y el tramo último Avenida B (Red de San Luis-Calle de Alcalá), a la

Gran Vía durante la Guerra.

Gran Vía durante la Guerra.

calle del Conde de Peñalver. En corriendo el año mil y novecientos y treinta y seis, tres meses antes del comienzo de la guerra, los dos primeros tramos adoptarían el apelativo de Avenida de la CNT;  durante la contienda tornó el nombre por el de Avenida de Rusia y, de nuevo, en el año mil y novecientos y treinta y siete, por el de

Avenida de la Unión Soviética, incluyéndose placas conmemorativas y un texto que rezaba “Homenaje de los amigos de la URSS”. Otras denominaciones provenientes del acervo popular fueron Avenida de los Obuses; Avenida del Quince y medio (el Bulevar), como alusión al calibre de los proyectiles recibidos por el edificio Telefónica dada su función de observatorio militar; y, por último, el tramo conocido como Eduardo Dato (Avenida A), recibiría el nombre de Avenida de México.

Como colofón a esta ingente obra, las calles de la Princesa, Leganitos y Duque de Osuna, fueron modificadas con la finalidad de establecer un único eje que comunicara la calle de Alcalá con la plaza de la Moncloa y su salida por la carretera de La Coruña. A fin de lograr tal propósito

Calle Princesa antes de ser rebajada, con la Casa de Socorro al fondo.

Calle Princesa antes de ser rebajada, con la Casa de Socorro al fondo.

fue necesario remodelar el trazado de las calles y derruir edificios significativos, como la Casa de Socorro que se

Calle Princesa en plenas obras de rebaje.

Calle Princesa en plenas obras de rebaje.

encontraba entrambas calles de La Princesa y Duque de Osuna, y rebajar la altura de la primera en más de tres metros. En nuestros días aqueste monumento pavimentado ofrece a los ojos de los visitantes edificaciones tan dispares como el Edificio Metrópolis -antigua Casa del Ataúd- o el Museo Chicote (Avenida B); el Edificio Telefónica o el Cine Avenida -hoy en día una glamurosa tienda dedicada a la moda- (el Bulevar, tramo dos); Cine Palacio de la Prensa o el Edificio Coliseum (Avenida A, tramo tercero).

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La Puerta de Alcalá.

Puerta de Alcalá con las cancelas todavía.

Puerta de Alcalá con las cancelas todavía.

A los principios de su existencia, la Villa y Corte era una ciudad fortificada cuyas murallas encontrábanse custodiadas por seis majestuosos portones –Puerta de Segovia, de Guadalajara, de Toledo, de Atocha, de Alcalá y de Bilbao-, todos ellos enrejados a los solos efectos de vigilar la arribada de viandantes, comerciantes y gentes de otros menesteres a la ciudad, perdiéndose la de Guadalajara en las sucesivas ampliaciones que hubieron lugar como consecuencia del incremento poblacional de la urbe. En sus albores, la Puerta de Alcalá tan únicamente contaba con tres arcadas en su estructura, siendo su única utilidad la ya antedicha de controlar toda mercadería, transporte o peatón que proviniera de los nortes (Francia, Aragón, Cataluña, etc). Dicha estructura perduró hasta el año mil y setecientos y setenta, cuando el regente de la época, don Carlos, el tercero, convino la remodelación de la calle de Alcalá y el mencionado arco quedó ya obsoleto, siendo derruido.

Transcurriendo el año mil y setecientos y cuarenta y dos, Felipe, el quinto, atendiendo al auge que en los territorios de Portugal y España el

Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá (S. XVIII).

Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá (S. XVIII).

arte de la tauromaquia alcanzaba, mandó construir un recinto donde hubieren lugar eventos de tal condición. El coso se situó en los aledaños del pórtico –adoptando, al tiempo, su mismo nombre, “Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá”– y dio cobijo a innumerables tardes de gloria a regocijo de la entendida concurrencia que en cada ocasión abarrotaba los graderíos. En el año mil y ochocientos y setenta y cuatro fue substituido por otro emplazamiento en los barrios de Goya, quedando en la retina de los más avezados en la materia las dos últimas faenas allí celebradas –por los noviembres del año mil y ochocientos y setenta y dos-: la primera de ellas al encargo de don Rafael Molina Sánchez, alias “Lagartijo”; y la segunda al encargo de don Salvador Sánchez Povedano, alias “Frascuelo”; enfrentándose cada cual en el albero a seis de los más bravos astados que por entonces pacían por la campiña española, portando para tales efectos los aperos de su oficio, únicamente. Sirviendo entrambas faenas para colofón y agradecimiento a los servicios prestados por la antigua plaza y el favor recibido de las manos de la incansable concurrencia que día tras día colmaba las bancadas de la arena.

En la actualidad.

En la actualidad.

A los principios de su reinado, Carlos, el tercero, decide la construcción de una puerta monumental para loor y alabanza de nobles y eméritos visitantes, así como para halago y holganza de todos los matritenses, que utilizan su regia estructura en pro de festividades y otros acontecimientos. Tal embajada recayó sobre el arquitecto italiano don Francisco Sabatini, quien entregó a Su Majestad tres proyectos a su elección. Cuenta, no obstante, la leyenda, que el tal regente erró en la aprobación y su rúbrica apareció estampada en dos de los diseños presentados, quedando el hacedor desconcertado. A fin de no causar oprobio al monarca, concluyó fusionarlos ambos, por tal motivo dos eran las caras con que la nueva puerta saludaba a los tratantes y caminantes que a la corte se acercaban: una por el anverso, que recibía a los peregrinos de los nortes (actualmente custodia la entrada al Parque del Retiro); y otra por el reverso, para honrar a los moradores capitalinos (hoy en día es vigía de nuestra economía frente al Banco de España).

 

 

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Bienvenidos.

  Estimados leyentes todos, este es un blog cuya pretensión no es otra que dar a conocer algunas historias, anécdotas, sucesos o leyendas poco notorias de algunas plazas de nuestra capital, así como relatar con la mayor minuciosidad posible algo de su biografía. Como vuesas mercedes podrán advertir, el lenguaje utilizado se situará en cotas poco convencionales a fin de que aquellas de vuestras señorías que hagan el honor de ojear mis humildes comentarios pasen un rato agradable a la par que culto.

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